Cómo las heridas emocionales moldean nuestra vida y cómo transformar lo aprendido en libertad
A veces creemos que sanar es entender. Que si logramos ponerle nombre a lo que sentimos, si lo hablamos en terapia, si lo comprendemos con la mente, entonces el dolor se disuelve. Pero no siempre es así. El tiempo pasa, los libros se acumulan, los aprendizajes se repiten y, sin embargo, algo sigue igual. Sigues sintiendo ese cansancio sutil, esa sensación de “estoy haciendo todo bien, pero no avanzo”.
Y no, no es que estés rota. Es que sanar no es un evento mental, es un proceso corporal y cotidiano.
Sanar tiene que ver con lo que repites cuando nadie te ve. Con los pequeños hábitos invisibles que sostienen tu historia emocional. Por eso suelo dedicar alguna sesión de los programas a hablar de hábitos. Porque si la libertad se elige, la calma se entrena.
Los hábitos son las raíces de tu historia
Tus hábitos son la forma en que riegas tu jardín interior. Imagina por un momento que dentro de ti hay una tierra fértil (tu cuerpo, tu mente, tu historia). Esa tierra viene de tus raíces, de las mujeres y hombres que estuvieron antes de ti, de lo aprendido y lo callado. Luego está el clima: las circunstancias, lo que no eliges, lo que cambia constantemente. Y finalmente, están tus manos: tus hábitos.
Tu vida florece donde riegas.
Si riegas con prisa, crecerá la ansiedad.
Si riegas con miedo, florecerá el control.
Si riegas con ternura, nacerá la calma.
No podemos cambiar la tierra ni controlar el clima, pero sí podemos aprender a usar nuestras manos con amor y consciencia.
Lo que repetimos, nos describe
No somos lo que hacemos una vez, somos lo que repetimos cada día. Y a eso le llamamos hábitos.
Cada pensamiento, cada gesto, cada emoción recurrente es una semilla, y cada semilla que eliges cultivar se convierte en la base de tu bienestar o tu agotamiento.
Entendemos 4 niveles de hábitos:
- Los hábitos del cuerpo, los más visibles: cómo comes, cómo duermes, cómo te mueves.
- Los hábitos de la energía, los que se reflejan en tus relaciones: cuándo das, cuándo paras, cuándo pides ayuda.
- Los hábitos de la mente, el tono con el que te hablas y la forma en que interpretas la realidad.
- Los hábitos del corazón, los más sutiles: cómo acompañas tus emociones cuando se activan, cómo te sostienes sin exigencia.
El cambio real no empieza en la mente. Empieza en los hábitos que la mente no ve.
Una de las partes más bellas de esta sesión que te ofrezco en el Pack Armonía es el ejercicio “Tu jardín”.
Guiada por la teoría que explico, imaginamos ese jardín simbólico que vive en cada una. La tierra representa nuestra herencia emocional, el clima, nuestras circunstancias y las manos, nuestros hábitos.
A través de esta visualización y de la escritura consciente, cada persona descubre qué tipo de tierra está cultivando, qué estación predomina en su vida, y cómo está usando sus manos.
¿Con exigencia o con ternura?
¿Con prisa o con cuidado?
El objetivo no es juzgarnos, sino comprendernos. Y desde esa comprensión, empezar a sembrar distinto.
Porque sanar no siempre es soltar; a veces es aprender a cuidar de otra forma.
Cada nuevo hábito es una declaración de amor propio.
Cada pausa consciente, una forma de decir: yo importo.
Cada vez que te eliges a ti, enseñas a tu cuerpo que está a salvo, que ya no necesita repetir la vieja historia.
Por eso decimos que el cuerpo guarda las heridas, pero también guarda la salida.
Y que sanar no es borrar lo vivido, sino aprender a regar distinto.
Esta sesión es solo una pequeña muestra de lo que se vive en mis programas. Un viaje a través de diferentes sesiones donde aprendemos a observar sin juzgar, a escuchar al cuerpo y a entrenar la calma como quien entrena un músculo.
Aquí hablamos de práctica viva. De experiencias que se sienten, de espacios donde una frase o una respiración pueden cambiarte la perspectiva entera. Y cuando lo vives, lo sabes: no estás repitiendo un curso más.
Estás aprendiendo un nuevo modo de habitarte.
Si sientes que es tu momento de cuidar tu propio jardín, de cambiar sin forzarte y de cultivar hábitos desde la amabilidad,
te invito a leer más sobre los programas y a reservar tu plaza. Quizá este sea el primer paso de una historia nueva.
El cambio no se fuerza, se cultiva cada día.
Con cariño,
Mar
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