Para ti que eres complaciente…

Publicado el 25 de noviembre de 2025, 10:30

La verdadera compasión no trata de darlo todo, sino de dar desde el amor.


Si has pasado años intentando ser siempre la “buena persona”:
La amiga que escucha.
La hija que comprende.
La pareja que aguanta.
La compañera que siempre dice “sí, claro”.

Pero, sin embargo, cuando llega la noche y te quedas a solas contigo, algo se siente vacío.
Esta sensación de estar agotada pero no llena.
De dar tanto que ya no sabes dónde quedas tú.

Lo llaman compasión, pero a veces, no es compasión. Es autoabandono con buenas intenciones.

Es la trampa del “buenismo” y el “yopuedismo”

Ser amable no es el problema. El problema es cuando tu amabilidad te cuesta tu paz.

Cuando “ayudar a todos” se convierte en una forma de no mirarte a ti misma.

Porque claro, mirar hacia dentro da miedo.

Requiere silencio, y el silencio incomoda, cuando llevas años corriendo detrás de todo lo que hay fuera.

Es más fácil preguntar “¿cómo estás?”, que responder “¿cómo estoy yo?”.
Para algunas es más fácil cuidar que dejarse cuidar. Más fácil salvar que sentirse vulnerable. Pero…

Tú, que eres complaciente… ¿conseguiste complacer a todos?

 

Muchas veces, cuanto más intentas agradar, más te desconectas y en lugar de crear amor solo generas cansancio, confusión y una sensación de invisibilidad. 

Hay un tipo de ayuda que nace del corazón y otro que nace del miedo. Del miedo a no ser suficiente, a no ser querida si dejas de sostener.

Es fácil confundirse. Piensas que ayudar te hace noble, pero en el fondo solo estás intentando merecer amor.

“Si los demás están bien, yo estaré bien.”

Pero eso no funciona así. Porque mientras curas las heridas ajenas, las tuyas siguen doliendo.

Ayudar desde la herida te vacía. Ayudar desde la plenitud te multiplica.

Cuidarte primero no es egoísmo, es inteligencia emocional

 

Hay una creencia que deberíamos borrar ya: “Primero los demás, luego yo.”

¿No has visto las instrucciones de emergencia del los aviones?

Recuérdalo, primero te pones la mascara de oxigeno tu y luego ayudas a los demás. Si no lo haces así, puedes quedarte sin oxigeno. Esto, aplícalo en tu día a día. Primero tú.

Porque si tú no estás bien, no puedes sostener a nadie.
Si tu energía está drenada, tu ayuda pierde autenticidad.
Si tu mente está saturada, no hay espacio para escuchar.
Si tu cuerpo está exhausto, tu presencia pesa.

“No puedes dar agua si tu pozo está seco.”

Cuidarte no te aleja de los demás: te permite darles lo mejor de ti. La mejor versión de tu amor, de tu energía y de tu calma. Y sí, puede parecer egoísta.
Pero el elegirnos conscientemente es, en realidad, el primer acto de amor hacia el mundo.

Estar pendiente de los demás es un refugio cómodo. Siempre hay alguien a quien ayudar, algo que resolver, una causa que abrazar. Y mientras tanto, te olvidas de ti.

Es muy fácil vivir con la mirada hacia fuera. Lo difícil —y profundamente transformador— es mirar hacia dentro. Ahí donde ya no hay aplausos, ni agradecimientos, ni likes.
Solo tú. Con tus necesidades, tus límites, tus luces y tus sombras.

Esta es una de las prácticas más avanzadas: atreverte a priorizarte.

Y no, no significa dejar de ayudar.  Significa hacerlo de forma más pura, más consciente, más efectiva.
Cuando tú estás bien, ayudas mejor.
Cuando tú estás en calma, inspiras más.
Cuando tú te llenas, tu energía se expande y eleva a los demás.

La compasión real no nace del sacrificio, sino de la lucidez.

Es ayudar con claridad, no con necesidad.
Es dar sin perderte.
Es saber cuándo retirarte sin sentirte culpable.

 “No hay compasión sin límites claros.”

 

Porque la verdadera compasión incluye también a una persona: tú.

Te explico la diferencia entre la falsa compasión vs. la compasión lúcida:

 

Falsa compasión:

  • Das sin que te lo pidan.
  • Dices “sí” cuando preferirías decir “no”.
  • Te vacías creyendo que así te llenas.
  • Confundes sacrificio con amor.

Compasión lúcida:

  • Sabes cuándo acompañar y cuándo soltar.
  • Das desde la abundancia, no desde la carencia.
  • Te cuidas antes de cuidar.
  • Reconoces que cada uno tiene su propio camino.

La diferencia está en la conciencia, no en la acción.

Con cariño,

Mar

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